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Nuestra historia

Una historia que empezó con una máquina que no entraba por la puerta

Golondrín nació en 1978, de la mano de Osvaldo Di Benedetto, con una idea, mucha visión de futuro y la convicción de que siempre había una manera de hacer las cosas mejor.

Los comienzos fueron tan simples como desafiantes.

En un pequeño galpón comenzó a tomar forma la primera pulverizadora autopropulsada Golondrín de tres ruedas. El lugar era tan chico que había un detalle imposible de olvidar: para terminar de colocar la cabina había que sacar primero la máquina a la vereda. Si se armaba completa adentro, después no pasaba por la puerta.

Así empezó Golondrín.

Sin grandes estructuras, sin la tecnología disponible actualmente y en una época en la que la industria argentina de pulverizadoras recién comenzaba a desarrollarse.

Había mucho por descubrir.

También hubo errores, pruebas, modificaciones y muchas horas de trabajo. Cada máquina enseñaba algo nuevo y cada problema obligaba a encontrar una solución.

Golondrín fue creciendo de esa manera: haciendo, aprendiendo y volviendo a hacer.


De una máquina a una fábrica

Con el paso de los años llegaron nuevos desarrollos y nuevas necesidades del productor argentino.

Antes de las actuales clasificadoras apareció la recordada Chamiquera, uno de los primeros pasos de Golondrín en el procesamiento y limpieza de granos.

En 1992 llegó otro momento importante de nuestra historia: el desarrollo de la clasificadora G92.

Después vendrían la G96, la G7, nuevas generaciones de clasificadoras, cintas transportadoras y diferentes equipos para acompañar el trabajo del campo.

La empresa comenzó a ampliar su línea, pero mantuvo algo que había nacido en aquel primer galpón: la búsqueda permanente de soluciones simples, eficientes y pensadas para trabajar.


Aprendimos a reinventarnos

Casi cinco décadas de industria argentina significan también haber atravesado momentos difíciles.

Cambios económicos, crisis nacionales, transformaciones tecnológicas y profundas modificaciones en la manera de producir en el campo.

Golondrín atravesó cada una de esas etapas haciendo lo mismo que había hecho desde 1978: adaptarse, aprender y reinventarse.

Hubo que cambiar productos, desarrollar nuevas soluciones, revisar procesos y muchas veces empezar nuevamente.

Pero hubo algo que nunca cambió:

desde el día en que comenzó, la fábrica nunca dejó de producir.


Una empresa familiar. Una vocación industrial.

Hoy Golondrín continúa siendo una empresa familiar argentina, con nuevas generaciones de la familia Di Benedetto participando de aquel proyecto iniciado por Osvaldo.

Muchas cosas cambiaron desde aquella primera pulverizadora de tres ruedas.

El pequeño galpón dio paso a una planta industrial.

Los primeros desarrollos dieron origen a una línea cada vez más amplia de maquinaria agrícola.

Y aquellas máquinas que comenzaron trabajando en campos argentinos hoy también llegaron a productores de Paraguay, Uruguay, Bolivia, Chile, Brasil y Ecuador, entre otros mercados.

Golondrín incluso sumó experiencia directa en el mercado brasileño, como parte de un camino de aprendizaje y expansión internacional que continúa hasta hoy.


Casi 50 años después, seguimos haciendo lo mismo

Diseñar.

Probar.

Equivocarnos.

Aprender.

Mejorar.

Y volver a fabricar.

Porque detrás de cada máquina Golondrín hay algo que no aparece en una ficha técnica: décadas de experiencia acumulada en el campo.

Desde aquel galpón donde había que sacar una pulverizadora a la vereda para poder terminarla, hasta las máquinas que hoy trabajan dentro y fuera de la Argentina, pasó mucho tiempo.

Pero la esencia sigue siendo la misma.

Fabricar máquinas confiables, sencillas y eficientes para quienes todos los días hacen producir el campo.

Golondrín

Desde 1978, industria argentina.

Simplemente Eficientes.

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